La importancia de tener el balón
Por Anna Marra (*)

No soy experta de fútbol. He tenido la suerte de tener al Milan de Sacchi, de Gullit y Van Basten. El Milan que todo lo podía y que ahora sigue estando en mi corazón, aunque, a veces, cuando juega, mejor cerrar los ojos.

 

No soy experta, pero os quiero proponer una frase que puede cambiar la forma de ejercer la práctica legal.

 

“Si tú tienes el balón, el rival no lo tiene.” — Johan Cruyff

 

Es una frase sencilla. La oyes y parece casi obvia. Y, sin embargo, cambia completamente la forma de entender el juego. O por lo menos, ha cambiado la mía.

 

En el fútbol, tener el balón no es solo posesión. Es tranquilidad. Es saber dónde estás. Es sentir que, por unos segundos, el partido depende de ti.

 

Cuando no tienes el balón, corres. Reaccionas. Llegas como puedes. Cuando lo tienes, eliges. En el mundo legal muchas veces trabajamos sin balón.

 

Correos que llegan y se responden casi sin pensar. Llamadas que interrumpen lo que estabas haciendo. Cambios de alcance que se aceptan “porque es lo que toca”. Documentos que crecen, versiones que se multiplican, decisiones que se van dejando.

 

Mucho movimiento. Mucho esfuerzo. Y, en el fondo, una sensación incómoda: no estás llevando tú el partido.

 

El Legal Project Management, bien entendido, no es una capa más de gestión. Es algo mucho más sencillo y mucho más potente: recuperar el balón.

 

Es parar un momento al inicio y preguntarte: ¿qué queremos conseguir exactamente? ¿qué entra y qué no entra? ¿cuándo tiene que pasar cada cosa?

 

Es poner un poco de orden donde todo tiende al ruido. Pero, sobre todo, es cambiar una actitud muy arraigada: dejar de reaccionar para empezar a dirigir.

 

Ahora bien, tener el balón no es automático. En fútbol se entrena. Y en el trabajo legal también deberíamos. ¿Qué habilidades necesitamos para “tener la posesión”?

 

  • Claridad: saber qué estás intentando conseguir en cada asunto
  • Capacidad de priorizar: no todo es igual de urgente, aunque lo parezca
  • Gestión de límites: poder decir “esto entra” y “esto no entra”
  • Anticipación: pensar antes de que las cosas ocurran
  • Toma de decisiones: no dejar que todo quede en el limbo
  • Gestión de la atención: proteger momentos de foco en medio del ruido

No son habilidades “técnicas”. Son habilidades que casi nunca nos han enseñado, pero que marcan toda la diferencia.

 

Y aquí hay algo interesante desde el punto de vista neurocientífico. El cerebro humano —y el del abogado especialmente — no está diseñado para tener siempre el balón.

 

¿Por qué? Porque está optimizado para reaccionar rápido ante estímulos (emails, llamadas, urgencias), evitar el riesgo (mejor responder que decidir algo incierto) y ahorrar energía (seguir el flujo es más fácil que estructurarlo).

 

Además, el entorno legal añade presión: miedo a equivocarse, alta responsabilidad, cultura poco tolerante al error.

 

Resultado: el cerebro entra en modo reactivo automático. Respondes más. Decides menos. Y sin darte cuenta, pierdes la posesión.

 

Por eso, cuando tienes el balón, pasan cosas distintas. No porque todo sea perfecto o porque desaparezca la incertidumbre. Sino porque hay algo que cambia profundamente: empiezas a jugar en tu terreno.

 

Decides el ritmo. Decides cuándo acelerar y cuándo pausar. Decides dónde poner el foco.

 

Un asunto sin gestión es imprevisible. Un asunto con estructura no es perfecto, pero tiene sentido.

 

Sin embargo, sabemos que hay una frase siempre presente en el sector: “no tenemos tiempo para gestionar”. Pongamos que sea cierto, en realidad la pregunta es otra: ¿cuánto tiempo perdemos por no gestionar?

 

Porque cada interrupción no filtrada, cada cambio de alcance no definido, cada decisión que se pospone es balón que pierde el equipo.

 

Tener el balón no significa control absoluto. No significa que todo salga como quieres.

 

Significa algo más realista y más humano: tener más probabilidades de que las cosas ocurran con intención.

 

El Legal Project Management no simplifica el trabajo legal, pero lo hace más consciente. Más dirigido. Más tuyo. Y en un entorno donde todo empuja a reaccionar, eso ya es una ventaja enorme.

 

Al final, no se trata de trabajar más rápido. Ni de hacer más cosas. Se trata de tener el balón.

 

 

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