Esperanza Schorr

En esta nueva edición de Detrás del Traje, conversamos con Esperanza Schorr, una abogada que combina determinación, creatividad y una sensibilidad poco común para leer personas, espacios y momentos. Su perfil trasciende lo estrictamente jurídico: hay en ella una impronta emprendedora, una mirada estética y una conexión genuina con lo que siente y transmite.

 

Si no hubieras estudiado derecho, ¿a qué te habría gustado dedicarte?

 

Siempre quise ser abogada, pero si no lo hubiese sido, ¡Podría haber sido tantas cosas! Siendo realista, hubiese estudiado Ingeniería Comercial, pero siendo más entretenida y soñadora, quizás me hubiese ido por el mundo de la decoración de ambientes, el diseño o la organización de eventos.

 

Ingeniería Comercial, porque soy emprendedora y tiradora para delante. Ocurrente y comercial. El mundo más “artístico” siempre me ha llamado, porque me conecta con lo que una instancia, un lugar, una persona, un olor o una imagen pueden hacerte sentir. Hay una sensibilidad especial en leer los espacios, los momentos y a las personas, y en entender qué necesita cada uno para sentirse mejor, más cómodo o más conectado.

 

Lograr que todo eso confluya, teniendo coherencia, intención y sentido, me parece profundamente desafiante. Y, al mismo tiempo, muy gratificante, porque cuando se logra, no solamente se ve. Se percibe. Y eso es algo de lo que cualquiera podría sentirse realmente orgullosa y satisfecha.

 

Siguiendo por la rama artística, también me hubiese gustado ser escritora. Me gusta la forma en la que describo lo que me pasa y/o pasa, al menos a mis ojos. Creo que cuando alguien lee lo que relato, es capaz de captar mi esencia y lo que realmente quiero transmitir. Además, siento una necesidad imperiosa de escribir en algunas circunstancias en las que considero que lo que puedo decir será de alguna forma un aporte a la comunidad, o al menos, a mi alma.

 

¿Qué virtud personal valorás especialmente en vos? 

 

No tengo vergüenza a casi nada. Creo que lo único que realmente me da pudor es pedir. Y esto de no tener vergüenza (sin, por supuesto, ser una sinvergüenza) es una virtud que me ha acompañado durante toda mi vida, porque mi madre me la inculcó desde muy chica, y la verdad es que me ha traído grandes recompensas.

 

También han habido momentos en los que me he visto ser el centro de atención sin querer serlo, y en los que he llegado a sentirme un poco colorada, pero en términos generales, es una virtud que me encanta y me ha hecho vivir la vida al estilo “aquí vengo yo” a conquistar el mundo.

 

¿Qué superpoder pensás que tenés o te gustaría tener? 

 

La capacidad de hacer fácil lo difícil y lindo lo que no lo es tanto. Creo que, como soy ocurrente, trato de simplificar y embellecer con poco lo que me rodea. Sea lo que sea.

 

¿Qué te gustaría hacer en el futuro que hoy todavía no pudiste? 

 

Soy bastante de hacer lo que me propongo, así que no dejo muchas cosas pendientes. Pero me gustaría aprender equitación.

 

Siempre me han gustado los caballos: Lindos, leales, rápidos cuando quieren y tranquilos cuando no. Aunque fui muchas veces a mi campo y anduve a caballo desde chica, nunca lo profundicé. Así que, si se da la oportunidad, acepto el desafío.

 

¿Cómo te imaginás dentro de algunos años? 

 

Bastante parecida a lo que soy actualmente. Inquieta, enérgica, ejecutiva, creativa, deportista y con algunos sueños pendientes ya cumplidos. ¡Dios quiera!

 

Si volvieras a tener 18 años, ¿volverías a elegir esta profesión?

 

La elegiría una y mil veces. Me encanta ser abogada. Es una carrera que te llena de herramientas, aprendizajes, rigor y un mundo de posibilidades.

 

¿Tenés un talento oculto que pocos conocen? 

 

¿Entretener a las personas? No sé si será un talento oculto, pero generalmente la gente se ríe conmigo y me dice que soy bastante personaje.

 

¿Qué te ayuda a mantener los pies en la tierra? 

 

Pilates. Mi Federico. Trabajar. Cocinar. Nadar. La música.

 

¿Qué te da confianza en vos? 

 

El saber que, con determinación y constancia, querer siempre es poder.

 

¿Hay algún libro que te haya marcado o que siempre recordás? 

 

El Principito. Es un libro al que siempre vuelvo y que, cada vez que lo leo, me deja algo nuevo.

 

¿Qué música suele acompañarte en tu rutina? 

 

En el día a día me acompaña mucho la música indie, sobre todo española o italiana. Y cuando necesito concentrarme, escucho a Ludovico Einaudi, un pianista italiano que me encanta y emociona.

 

¿Cómo te llevás con el silencio?

 

Nadie lo creería, porque soy una parlanchina, pero me encanta el silencio.

 

¿Qué te emociona?

 

Casi todo. Soy una persona a la que le gusta ser feliz. Me emociona el día a día. Antes hubiese dicho que los viajes, pero hoy en día me emociona más mi cotidianeidad y saber que cada día me acerco más al lugar donde quiero estar.

 

¿Qué te genera más ansiedad: los correos sin responder o el WhatsApp explotado?

 

Mil veces mi e-mail sin responder. Mi WhatsApp puede tener muchos mensajes sin leer, siempre que no sean de Fede, mi jefe, mis padres, mis mejores amigos o de un cliente.  Mi e-mail, en cambio, no. Y lo resuelvo como se resuelven las cosas, en realidad. Ejecutando. Me siento, me concentro con un café en mano, si puedo poner música de piano de fondo, mucho mejor, y me pongo manos a la obra.

 

¿Qué cosas o actividades te conectan con tu creatividad? 

 

Nadar. Cocinar. Decorar. Pintar acuarela. Bailar. Caminar. Escuchar música tranquila.

 

¿Qué pregunta te gustaría que te hagan más seguido? 

 

Hace poco leí que hoy las personas se juntan más a compartir su día a día que su profundidad. Nos vemos para ponernos al día, pero no necesariamente para hablar de lo que sentimos o pensamos en verdad.

 

A mí me gustaría volver a ese espacio más genuino: Hacer y recibir preguntas que inviten a responder desde el corazón, no desde el piloto automático ni desde la respuesta rápida. Conversaciones que incomoden un poco, que abran espacios que hasta ese minuto no existían y que conecten de verdad.

 

¿Qué viaje tenés pendiente y te gustaría hacer? 

 

Ir a Tailandia. Siempre he querido que sea el destino de mi luna de miel.

 

¿Preferís un after office informal o un desayuno profesional? 

 

Un after office informal. Me parece que es una instancia en la que las personas son más naturales. Más ellas.

 

¿En qué tipo de situaciones se te ocurre “la mejor idea”? 

 

En el trayecto a un viaje. Un tren, un avión, el metro. Siempre es cuando tengo las manos menos ocupadas y la cabeza más creativa.

 

 

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