Valentina Macome

En una nueva edición de Detrás del Traje, conversamos con Valentina Macome, socia de BARREIRO, quien construyó una destacada trayectoria en el ámbito del Derecho Tributario tras más de dos décadas de ejercicio profesional en uno de los estudios más prestigiosos de Buenos Aires antes de sumarse como socia a su firma actual.

 

Especialista en litigios tributarios vinculados a tributos nacionales, provinciales y municipales, así como en materia penal-tributaria, Valentina ha asesorado y representado a clientes nacionales e internacionales en disputas fiscales complejas y en el diseño de estrategias integrales de cumplimiento y planificación impositiva.

 

A lo largo de su carrera, ha trabajado con compañías líderes de industrias tan diversas como laboratorios, banca, oil & gas, automotriz, tabaco, retail, minería y software, consolidándose como una de las referentes de su práctica en el mercado legal.

 

En esta entrevista, repasamos su recorrido profesional, su visión sobre el ejercicio de la abogacía y el camino que la llevó a convertirse en una figura destacada del Derecho Tributario argentino.

 

Si no hubieras estudiado derecho, ¿a qué te habría gustado dedicarte? 

 

No sé exactamente a qué, pero seguro algo con personas. Siempre me interesó entender cómo funcionan: por qué hacemos lo que hacemos, cómo pensamos, cómo nos vinculamos. Sociología, antropología… incluso me han dicho varias veces que podría ser psicóloga, aunque creo que me atrae más lo “macro” que lo “micro”. Me gusta observar, entender dinámicas.

 

¿Qué virtud personal valorás especialmente en vos? 

 

La constancia. No es la más seductora, pero sí la que más me rinde. Soy bastante disciplinada con lo que me propongo, incluso cuando no tengo tantas ganas. Con el tiempo entendí que no todo pasa por la motivación, sino por sostener lo que uno decide hacer, incluso en automático.

 

¿Qué te gustaría hacer en el futuro que hoy todavía no pudiste?

 

Me gustaría explorar más el lado creativo y salir un poco de la lógica de que todo tiene que ser útil o tener un objetivo claro. Tengo la idea de eventualmente abrir un café o algo gastronómico. No tanto por lo gastronómico en sí, sino por armar un lugar lindo, pensar los detalles y generar un espacio que invite a quedarse, conversar, y generar dinámicas diferentes.

 

Si volvieras a tener 18 años, ¿volverías a elegir esta profesión?

 

Sí, y con mucha más convicción. A los 18 la elegí medio entre lo que conocía, sin pensar demasiado en el porqué. Hoy la elegiría entendiendo todo lo que me dio: la forma de pensar, la lógica, el problem solving. Me gusta también que esté en ese punto intermedio entre lo analítico y lo social.

 

¿Qué te ayuda a mantener los pies en la tierra? 

 

Mi rutina. Soy bastante estructurada y la previsibilidad me da calma: desde el café a la mañana mientras organizo el día, hasta salir a caminar a la noche después de trabajar para bajar un cambio. Igual, también tiene su lado B… a veces me puede jugar en contra y me encuentro tratando de “fluir” un poco más. Ahí lo que realmente me baja es mi gente: familia, amigos, mi pareja.

 

¿Tenés alguna frase o lema que te represente?

 

“Todo vuelve.” No lo pienso desde un lugar estrictamente kármico, sino bastante más concreto: lo que uno hace construye lo que viene después. En las relaciones, en el trabajo, en las oportunidades. Cada uno va forjando su propio camino.

 

¿Qué cosas cotidianas te hacen feliz? 

 

El café antes de arrancar la vorágine del día, una vuelta por el parque cerca de casa para cortar cuando lo necesito, y sobre todo el momento de la noche cuando me meto en la cama a leer. Ese es, lejos, mi favorito.

 

¿Qué haces para desconectarte o recargar energías? 

 

Leer antes de dormir para desconectar. Últimamente estoy muy en libros de fantasía, que funcionan perfecto porque no tienen absolutamente nada que ver con mi día a día. Me ayudan a meterme en otro universo y cortar completamente.

 

¿Qué te emociona? 

 

Los gestos de generosidad, sobre todo entre desconocidos. Cuando alguien se toma el tiempo de ver al otro y hacer algo (aunque sea mínimo) sin esperar nada a cambio. Me parece bastante valioso, sobre todo hoy, donde muchas veces estamos más pendientes de nuestra propia pantalla que de lo que pasa alrededor.

 

¿Qué dispositivo o app usás más y por qué? 

 

Hoy en día, herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT o Claude. Me ayudan a ordenar ideas, estructurarlas mejor y ser más eficiente en el día a día.

 

¿Cómo te llevás con la inteligencia artificial? 

 

Diría que soy bastante entusiasta, pero con criterio. Profesionalmente creo que es necesario entenderla y saber usarla, pero también ser consciente de los riesgos. Intento encontrar ese equilibrio.

 

¿Qué te genera más ansiedad: los correos sin responder o el WhatsApp explotado? 

 

El WhatsApp, sin dudas. En este momento tengo 74 chats sin leer.
Soy bastante mala contestando mensajes y siempre tengo pendientes. Me da ansiedad porque quiero responder y estar, sobre todo con gente que tengo lejos… pero claramente no es mi fuerte.

 

¿Qué cosas o actividades te conectan con tu creatividad? 

 

Correr, especialmente con música. Es uno de los pocos momentos donde bajo el ruido mental y aparecen ideas más claras. Muchas veces las mejores se me ocurren ahí.
También diría que mi veta creativa es en la cocina, pero las claridad mental la tengo corriendo.

 

¿Qué viaje tenés pendiente y te gustaría hacer? 

 

Tengo varios, pero si tengo que elegir uno hoy, diría Tanzania. Igual, en lo inmediato, mi prioridad sería irme a CDMX para visitar a mi mejor amiga (además no conozco!).

 

¿Qué profesión te intriga aunque no la ejercerías nunca? 

 

Algo vinculado a inteligencia. Siempre me atrajo mucho. Probablemente sea muy exigente, pero me resulta fascinante desde lo analítico y lo estratégico. Esa mezcla entre investigar, entender el contexto geopolítico y tomar decisiones con impacto real me parece muy interesante.

 

 

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