Estar "AI ready" no es solo un problema de infraestructura: es también un problema de formación
Por Roger Daniel Arias Vera

En casi todos los estudios jurídicos de la región se repite hoy una misma escena. Alguien incorpora Claude, ChatGPT o Copilot a su trabajo diario —para redactar, resumir, investigar— y en cuestión de meses ese uso individual se transforma en una dependencia estructural para el equipo. La adopción de la inteligencia artificial generativa en el ámbito legal no está esperando la aprobación de un comité de innovación ni el diseño de una política interna. Avanza sola, y avanza más rápido que la formación técnica necesaria para sostenerla con responsabilidad.

 

Ese desfasaje —entre la velocidad de adopción y la profundidad de la comprensión de quienes adoptan— es, a mi juicio, el verdadero problema que enfrenta hoy el sector.

 

Se habla mucho, en estos meses, de la necesidad de que las organizaciones estén "AI ready". Es una expresión útil, pero que suele entenderse de manera incompleta. Con frecuencia se la reduce a una cuestión de infraestructura: contar con las integraciones, las APIs y los sistemas necesarios para conectarse con un modelo de lenguaje. Esa dimensión existe y es legítima. Pero hay una segunda dimensión, menos discutida, sin la cual la primera pierde buena parte de su sentido: de poco sirve una infraestructura preparada si no hay, dentro de la organización, personas capaces de especificar, construir y gobernar lo que se ejecuta sobre ella. Esa capacidad humana —no la conexión técnica en sí misma— es lo que en Arteclaw entendemos por AI enablement: la disciplina de formar a quienes saben qué hacer, con criterio y con método, una vez que la conexión con un modelo de IA ya está disponible.

 

En ese contexto viene tomando forma un concepto que algunos autores ya están utilizando: el del "Legal Quant". La expresión describe a un perfil híbrido —el abogado o el equipo legal que no se limita a operar herramientas de IA de manera intuitiva, sino que comprende cómo se diseña, se especifica y se gobierna un sistema de inteligencia artificial aplicado a su propia práctica. Un perfil capaz de construir sus propias herramientas, de auditarlas, y de explicar con fundamento técnico —no solo con intuición— cómo se llegó a un resultado generado con asistencia de IA, cuando un cliente, un regulador o un tribunal lo requiera. Es un término todavía en formación, pero la necesidad que describe ya resulta difícil de discutir.

 

Formar ese tipo de capacidad no es el resultado de una charla aislada ni de un entrenamiento breve. Requiere método, y requiere también claridad sobre qué, exactamente, se está enseñando. Con esa premisa diseñamos Arteclaw Builders, que ofrece dos recorridos distintos según el punto de partida y el objetivo de cada organización.

 

Open Builders es una comunidad de acceso abierto, sin experiencia previa requerida, orientada a un uso de la inteligencia artificial generativa que sea a la vez responsable y informado: comprender el funcionamiento de un modelo, adoptar buenas prácticas en el diseño de flujos de trabajo, e incorporar principios de gobernanza aplicables al ejercicio diario de la profesión. Ese recorrido incluye, en su etapa inicial, el camino hacia las certificaciones oficiales de Claude, que funcionan como una validación formal del aprendizaje alcanzado. La comunidad, sin embargo, no está concebida en torno a una sola herramienta: la intención es que, con el tiempo, incorpore certificaciones y contenidos de otros actores del ecosistema de inteligencia artificial, más allá de Anthropic.

 

El Programa Starter, por su parte, está dirigido a estudios jurídicos y áreas legales de empresas que buscan dejar de depender exclusivamente de proveedores externos y desarrollar sus propias herramientas. Allí la formación es más específica: Spec-Driven Design, como disciplina para especificar con precisión qué debe hacer un sistema antes de construirlo; trabajo con stack libre, sin atarse a una tecnología en particular; y un marco de gobernanza graduado en cuatro niveles —de A0 a A3— para clasificar el grado de autonomía y control que se le otorga a cada herramienta desarrollada. Quienes completan este programa no se limitan a utilizar inteligencia artificial de manera avanzada: se convierten, dentro de su propia organización, en la capacidad de AI enablement que antes describíamos como faltante.

 

Volviendo entonces a la pregunta inicial: estar "AI ready" no depende solo de contar con la infraestructura adecuada, sino también de contar con personas formadas para diseñar, construir y gobernar lo que esa infraestructura sostiene. La cuestión relevante ya no es si el derecho convivirá con la inteligencia artificial generativa —eso está decidido—, sino quién tendrá la formación técnica necesaria para gobernarla con criterio. Cuanto antes la región empiece a construir esa capacidad, mejor posicionada estará para definir el estándar, en lugar de simplemente adoptarlo.

 

Más información sobre Open Builders y el Programa Starter, en arteclaw.com/builders.

 

 

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