Hay una escena que se repite en muchas firmas: el año “cierra bien” porque entró más trabajo, el equipo facturó más horas y, sin embargo, los socios sienten que el margen no mejoró. O peor: creció el estrés, se multiplicaron los cuellos de botella y el cliente está más exigente que nunca con precios y predictibilidad. Esta aparente contradicción esconde una pista: una firma de abogados no es solo un conjunto de profesionales; es un negocio de servicios intensivo en talento, conocimiento y confianza.
Este artículo abre una serie sobre cómo analizar a las firmas como negocios. La idea no es “corporativizar” el derecho, sino comprender qué se vende realmente, cuáles son los activos que determinan el valor, qué palancas explican el crecimiento y qué métricas permiten gestionar con disciplina.
1) ¿Qué vende realmente una firma? (y qué no)
Si le preguntamos a un abogado qué vende, una respuesta que podemos escuchar es “asesoramiento”, “litigios” o “contratos”. Pero desde el punto de vista del cliente, lo que se compra es otra cosa: una solución a un problema legal concreto y, sobre todo, una reducción de riesgo bajo incertidumbre. En anteriores publicaciones[1] lo formulé de manera sencilla: el cliente trae un problema (una demanda, una transacción, un marco regulatorio), el abogado diseña una solución viable y ayuda a implementarla; eso es el producto.
Esta mirada importa porque separa el servicio “premium” del servicio “commoditizado” o genérico. En lo commoditizado, el cliente compara fácilmente precio y velocidad (por ejemplo, tareas repetitivas con baja variabilidad). En lo complejo, el cliente paga por criterio, por anticipación de riesgos y por la calidad del juicio profesional. Es allí donde una firma “gana” o “pierde” valor en el mercado.
2) Los tres activos que explican el valor: talento, conocimiento y confianza
Desde esa definición de producto, emerge un marco práctico para entender el negocio. La propuesta es que el servicio jurídico se apoya en tres elementos básicos:
Este triduo explica, además, por qué el mercado se acostumbró a un proxy imperfecto: la hora. La tarifa horaria intenta reflejar años de práctica (a su vez un indicador mediato de experiencia), pericia y reputación; y luego se negocia según relación y contexto. Que la hora sea discutible no elimina su lógica histórica: es una forma de “poner precio” a activos intangibles.
3) Crecer no es solo “contratar más”: tres palancas y sus trade-offs
Si el “motor” son esas horas de cerebro apoyadas en experiencia y confianza, el crecimiento tiene límites estructurales. En términos simples, hay tres caminos principales:
A. Aumentar horas trabajadas.
Es el enfoque más directo: más horas facturables, más ingresos. El problema es obvio: hay límites físicos y de sostenibilidad. A fin de cuentas, el día tiene 24 horas.
B. Aumentar cerebros (headcount).
Contratar más abogados multiplica capacidad, pero trae costos de adquisición de talento y, sobre todo, el riesgo de diluir expertise: los abogados nuevos requieren formación, mentoría y supervisión; al inicio no generan la misma confianza ni sostienen la misma tarifa promedio.
C. Mejorar el servicio para sostener tarifas superiores (y/o producir con mayor eficiencia).
Aquí aparecen dos ideas potentes: (i) hacer que las horas de cerebro “rindan” más (mejor proceso, mejor preparación, mejor infraestructura); y (ii) reforzar el posicionamiento de expertise (y marca) y confianza ante el mercado.
La mayoría de los problemas de gestión de firmas surgen cuando se empuja una palanca sin compensar las consecuencias de las otras. Por ejemplo: crecer en headcount sin invertir en formación y control de calidad suele erosionar la experiencia percibida; aumentar tarifas sin evidenciar valor genera presión comercial; perseguir eficiencia sin cuidar aprendizaje puede “matar” la cantera de futuros expertos.
4) La economía del partnership: capacidad, apalancamiento y márgenes
Hasta aquí hablamos de “qué” y “con qué” se produce. Falta “cómo” se convierte en rentabilidad.
En líneas generales, las firmas tienen una estructura de costos dominada por personas (compensación) y por soporte (tecnología, conocimiento, finanzas, BD/marketing, compliance interno). En los mercados internacionales, informes sectoriales recientes siguen destacando la tensión clásica: crecimiento de ingresos impulsado por demanda y tarifas, pero con presión significativa de gastos, especialmente en compensación y estructura.[2]
Para gestionar este negocio, hay cuatro conceptos que conviene dominar (sin necesidad de volverse financiero):
- Utilización (capacidad efectiva): qué parte del tiempo disponible se convierte en tiempo facturable.
- Realización: cuánto de lo trabajado se termina cobrando efectivamente (descuentos, write-offs, incobrables).
- Leverage (pirámide/cilindro): la relación entre perfiles junior, mid y senior; determina costos, capacidad de delegación y modelo de formación.
- Mix de trabajo: no toda hora vale lo mismo; práctica, industria, complejidad y urgencia cambian el “valor por hora” real.
¿Por qué importa esto hoy? Porque el mercado premia predictibilidad y eficiencia, y a la vez se observan ciclos de demanda y de rentabilidad cada vez más visibles. Un ejemplo: análisis de desempeño en EE. UU. mostró un 2024 con fuertes resultados impulsados por demanda y tarifas, con mejora de ganancias por socio; y, al mismo tiempo, advertencias de posible moderación posterior y presión de costos (incluida tecnología y AI).[3]
En términos de gestión práctica, esto lleva a conversaciones que antes se evitaban: ¿qué trabajo aceptamos y cuál no?, ¿cómo presupuestamos sin “regalar” riesgo?, ¿cómo evitamos que la firma se convierta en una sumatoria de prácticas que compiten por recursos?
5) Tecnología y procesos: habilitadores, no sustitutos del criterio
En esta serie no vamos a convertir la tecnología en el centro del análisis, pero sí conviene ubicarla donde corresponde: como habilitante de mejores procesos, mejor visibilidad de datos, y nuevas formas de producción legal. Y, al mismo tiempo, puede tensionar el modelo clásico basado en horas.
De hecho, el propio mercado está discutiendo cómo AI puede alterar la estructura tradicional de staffing (la “pirámide”), empujando hacia modelos más planos y reconfigurando el aprendizaje de juniors.[4] En paralelo, reportes recientes sobre tarifas y desempeño sugieren que el debate ya no es solo “subir precios”, sino entender qué factores explican realmente la performance y cómo sostenerla sin erosionar la relación con el cliente.[5]
La idea clave es simple: la ventaja competitiva no es “tener herramientas”, sino traducir capacidades en valor consistente para el cliente, con control de calidad y gestión del riesgo.
Cierre: un mapa para la serie
Si aceptamos que una firma vende soluciones bajo incertidumbre y que su valor descansa en talento, experiencia y confianza, entonces la pregunta natural es: ¿cómo se gestiona eso profesionalmente sin perder identidad? En los próximos artículos esperamos bajar a tierra ese mapa: modelos de pricing, gestión de capacidad y rentabilidad, estrategia comercial y posicionamiento, estructura y carrera (formación, incentivos, retención), y el rol de operaciones en la entrega del servicio.
Más adelante, y con el tiempo que merece, entraremos en cómo convertir el conocimiento en un activo organizacional gestionable —la “memoria” de la firma— y cómo eso impacta eficiencia, calidad y riesgo. Por ahora, basta con esta premisa: cuando uno entiende el motor económico, deja de discutir “modernización” como eslogan y empieza a gestionarla como lo que es: una decisión estratégica.
Si este primer marco te resultó útil, el próximo paso lógico es hablar de lo que más fricción genera hoy con clientes y dentro de las firmas: cómo se pone precio al valor y qué cambia cuando el cliente ya no compra horas, sino resultados.
Citas
[1] E.g. Luis Felipe Mohando, Introduction: Knowledge Management in Law Firms, Knowledge Management in Law Firms: Expertise in Action, p. 5 (Luis Felipe Mohando, Silke Gottschalk, Martin Schulz & Gerard Tanja eds., 2016).
[2] E.g. el reporte 2025 Citi Hildebrandt Client Advisory, www.citiglobalwealth.com/content/dam/cpb/internet/www-citiglobalwealth-com/wealth-at-work/docs/2025-Citi-Hildebrandt-Client-Advisory.pdf.
[3] Karen Sloan, Law firms saw strong profits in 2024, study finds, but demand expected to ebb in 2025, Reuters, 07/01/2025, www.reuters.com/legal/legalindustry/law-firms-saw-strong-profits-2024-study-finds-demand-expected-ebb-2025-2025-01-07.
[4] Sara Merken, David Thomas and Mike Scarcella, Is Big Law's 'pyramid' due for an AI makeover?, Reuters, 11/12/2025, www.reuters.com/legal/government/is-big-laws-pyramid-due-an-ai-makeover-2025-12-11.
[5] Law Firm Rates Report 2026: Law firms discover the hidden engine driving their pricing power, ThomsonReuters, 20/10/2025, www.thomsonreuters.com/en-us/posts/legal/law-firm-rates-report-2026.
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