El problema en cifras
Entre 1991 y 2025, siete gobiernos argentinos de todas las orientaciones ideológicas intentaron reformar el régimen laboral. Menem lo intentó cuatro veces; los Kirchner, seis; Macri, ocho; Milei lleva cinco y contando. El resultado acumulado: 23 intentos, cero reformas sostenidas. El dato más reciente del INDEC (tercer trimestre de 2025) ubica la informalidad laboral en 43,3%, el nivel más alto desde 2008. Según el IIEP-UBA, entre los asalariados la cifra trepa al 37,7%, récord en 17 años.
El dato que debería inquietar a la profesión no es la informalidad en sí, sino su estabilidad. En los últimos veinte años, la tasa osciló siempre alrededor del 40%, independientemente de quién gobernara, qué modelo económico rigiera o cuántos proyectos de ley se presentaran. Algo en la arquitectura institucional del derecho laboral argentino resiste la modificación con una regularidad que no puede atribuirse al azar ni a la falta de voluntad política.
Tres movimientos teóricos, un mecanismo
Primer movimiento: Stewart-Williams y la cooperación como equipamiento de serie
Steve Stewart-Williams, psicólogo evolucionista de la Universidad de Nottingham Malaysia, documenta evidencia convergente desde hace décadas: los humanos somos cooperadores innatos. Bebés de 18 meses ayudan espontáneamente a investigadores que dejan caer objetos. Bebés de 6 meses prefieren personajes cooperadores sobre los que obstaculizan. No hay registro antropológico de ninguna sociedad donde la cooperación no exceda el vínculo madre-hijo. La cooperación no es invento cultural tardío como la agricultura; es parte del programa madurativo natural de la especie, como caminar o hablar.
El argumento es sólido. Sin cooperación, no habríamos sobrevivido lo suficiente para desarrollar lenguaje, teoría de la mente o las instituciones complejas que nos distinguen de otros primates. Stewart-Williams tiene razón: somos cooperadores natos.
Segundo movimiento: Goodman y la plasticidad conductual como clave
Pero Jonathan R. Goodman, antropólogo de Cambridge cuyo libro Invisible Rivals (2025) está reformulando el debate sobre naturaleza humana, agrega la pieza que faltaba: cooperar no es lo mismo que ser cooperador. La cooperación y la defección son ambas equipamiento de serie. Lo que determina cuál se activa es la estructura de oportunidades del entorno institucional.
La evidencia que presenta Goodman es devastadora en su simplicidad:
Experimento del Dictador con Salida Silenciosa: En juegos económicos estándar, la gente parece generosa: comparte recursos con desconocidos. Pero cuando se les ofrece abandonar el juego anónimamente pagando una pequeña multa, aproximadamente un tercio opta por irse sin compartir nada. Conclusión: no cooperan por bondad intrínseca, sino porque la observación social los presiona.
Experimento de Wiessner con los Ju/'hoansi: La antropóloga Polly Wiessner realizó el mismo experimento en el Kalahari, pero les aseguró explícitamente que nadie sabría qué habían elegido. Los participantes preguntaron dos veces si era verdad que su identidad no se revelaría. Con confirmación, deslizaron las monedas hacia su propio lado. El mismo grupo que exhibe cooperación intensa en la vida cotidiana defeccionó cuando el costo reputacional desapareció.
Efecto de los Ojos Vigilantes: Los participantes donan significativamente más cuando hay imágenes de ojos en la habitación. Sin vigilancia simbólica, la cooperación colapsa. Como documenta Goodman: “La maximización del interés propio simplemente evolucionó adoptando una forma nueva y pérfida: una rivalidad invisible. No nos deshicimos del egoísmo, simplemente mejoramos en ocultarlo.”
Moral Credentialing Corporativo: Un estudio de 2024 muestra que las empresas que firmaron voluntariamente el Statement on the Purpose of a Corporation del Business Roundtable (2019), comprometiéndose públicamente con el valor para todos los stakeholders, violaron más leyes ambientales y laborales que las empresas que no firmaron. Profesar principios morales no predice comportamiento moral; en algunos casos, lo licencia.
La conclusión de Goodman es precisa: no existen cooperadores ni free-riders como categorías fijas. Existe plasticidad conductual que responde a contextos institucionales. El mismo individuo que coopera bajo observación defeccionará cuando pueda hacerlo sin consecuencias. Goodman lo llama “the problem of opportunity”: cuando la oportunidad de defección oculta existe y el beneficio es significativo, la defección es estrategia ganadora casi en cualquier lugar.
Tercer movimiento: la teoría del fenotipo extendido y la captura institucional
Pero Goodman identifica el problema sin explicar su persistencia. Termina apelando a “educación” y “cooperación comunitaria”, que es el equivalente académico de “hay que cooperar más.” No explica por qué las instituciones diseñadas para promover cooperación terminan siendo capturadas por rivales invisibles, ni por qué reemplazarlas es tan difícil.
Aquí entra el tercer movimiento: la teoría del fenotipo extendido aplicada al derecho.
En 1982, Richard Dawkins propuso que los genes no solo construyen organismos; construyen artefactos fuera de los organismos que mejoran la replicación genética. La represa del castor es fenotipo extendido de los genes del castor. Daniel Dennett y Susan Blackmore extendieron la idea a la cultura: los memes (unidades de información cultural) también construyen estructuras externas que aseguran su propia reproducción.
Aplicado al derecho: los conceptos jurídicos no habitan solo en las mentes de los abogados. Construyen fenotipos extendidos: juzgados especializados, cátedras universitarias, colegios profesionales, revistas de doctrina, programas de posgrado. Cada estructura mejora la transmisión del concepto jurídico que la originó.
La conexión con Goodman es directa. Los “rivales invisibles” de Goodman no solo explotan instituciones existentes; las construyen. Los 187 juzgados laborales, las 109 facultades de derecho con cursos obligatorios de derecho laboral, los 3.847 departamentos legales sindicales no son estructuras neutrales infiltradas por oportunistas. Son fenotipos extendidos construidos por el memeplexo para garantizar su propia reproducción.
La diferencia es crucial: Goodman piensa que el problema es vigilar mejor a los tramposos dentro de instituciones fundamentalmente sanas. La teoría del fenotipo extendido muestra que las instituciones mismas pueden ser artefactos de replicación memética, lo cual hace que “vigilar mejor” sea insuficiente cuando el vigilante es parte del fenotipo.
El fenotipo extendido del artículo 14bis
El meme constitucional “los derechos laborales son irreversibles” (principio de progresividad, ultraactividad convencional, doctrina de los derechos adquiridos) generó un fenotipo extendido cuantificable:
- 187 juzgados laborales especializados en todo el territorio nacional
- 3.847 departamentos jurídicos sindicales
- Programa curricular obligatorio de derecho del trabajo en las 109 facultades de derecho del país
- 185 colegios de abogados con secciones o comisiones de derecho laboral
- Tratados internacionales con rango constitucional (Convenios OIT 87 y 98, PIDESC) que refuerzan el principio desde arriba
Cada componente coopera intensamente con los demás. Los jueces laborales citan la doctrina que producen las cátedras. Las cátedras enseñan la jurisprudencia que producen los jueces. Los sindicatos financian congresos académicos donde se consolida esa doctrina. Los colegios de abogados defienden la jurisdicción especializada que genera trabajo profesional para sus matriculados.
Nadie coordina esto desde un centro. No hay conspiración. Es cooperación genuina, descentralizada, profesionalmente honesta. Y precisamente por eso es tan estable.
Aquí la paradoja de Goodman se vuelve transparente. El régimen laboral argentino no padece déficit de cooperación. Los actores del sistema cooperan con una intensidad que Stewart-Williams celebraría como logro civilizatorio. El problema es que esa cooperación intragrupal genera competencia intergrupal (laboralistas vs. empresariales, sindicalistas vs. reformadores) que fosiliza el sistema completo.
El resultado: 8 millones de trabajadores informales que nunca accederán a ninguno de los derechos que el artículo 14bis les garantiza desde 1949. No porque los actores sean maliciosos, sino porque la arquitectura institucional canaliza la cooperación innata hacia la reproducción del memeplexo, no hacia el bienestar de los supuestos beneficiarios.
Exactamente como Goodman predice: “Competimos y cooperamos, y a veces fingimos cooperar solo para competir con mayor eficacia. Somos, para los demás y a veces para nosotros mismos, rivales invisibles.”
Por qué fracasan las reformas: el mecanismo de lock-in
En un trabajo reciente publicado en SSRN, cuantifico la rigidez institucional de diversos regímenes laborales mediante un Índice de Lock-in Constitucional (CLI). El CLI argentino para el régimen laboral es 0.87 sobre 1.00. A título comparativo: Chile marca 0.24, Brasil 0.40, España 0.51 (pre-reforma 2012).
Un CLI de 0.87 correlaciona con 0% de reformas sostenidas sobre 23 intentos. Ningún país con CLI superior a 0.80 logró reformar su régimen laboral dentro de los cauces democráticos normales.
El mecanismo opera por acumulación de precedentes. Cada reforma que fracasa genera jurisprudencia de la Corte Suprema que consolida la irreversibilidad (Vizzoti, 2004; Aquino, 2004; Madorrán, 2007). Cada fallo se convierte en argumento para bloquear el intento siguiente. El sistema se endurece con cada fracaso. Es un ratchet institucional: solo gira en una dirección.
El proyecto de Modernización Laboral de Milei enfrenta exactamente esta dinámica. En un análisis anterior para este medio, estimé 73% de probabilidad de aprobación legislativa pero solo 30-40% de implementación efectiva. Los primeros meses confirmaron esa asimetría: el Decreto 70/2023 fue declarado inconstitucional, y las disposiciones laborales de la Ley Bases operan con cumplimiento parcial.
Todas las reformas intentaron imponer cooperación desde arriba: legislación nacional, DNU, decretos. Contra un ecosistema de normas locales (jurisprudencia de cámaras laborales, prácticas sindicales, cultura de facultades de derecho) que constituyen los fenotipos extendidos del memeplexo incumbente. Elinor Ostrom demostró que los commons se gestionan mejor con normas locales que con regulación centralizada. Goodman lo traduce: “Nunca intenten imponer cooperación desde arriba.” Las 23 reformas fracasadas confirman la predicción.
El compliance theater como moral credentialing institucional
El hallazgo de Goodman sobre moral credentialing corporativo tiene implicancias directas para el derecho argentino. Profesar compromiso con la “justicia social” funciona como mecanismo de camuflaje que permite mantener 43,3% de informalidad sin costo reputacional. Cada reforma bloqueada se justifica en nombre de la “protección de los trabajadores.” Mientras tanto, 8 millones de trabajadores reales quedan fuera del sistema.
Es compliance theater en escala constitucional. La declaración de principios (artículo 14bis) es el fenotipo extendido optimizado para supervivencia regulatoria: permite al memeplexo presentarse como defensor de derechos mientras produce el resultado opuesto.
Conecta directamente con mi análisis previo de la Ley 27.401 de Responsabilidad Penal Empresaria. Las empresas que implementan programas de integridad formales no necesariamente reducen ilícitos; a veces los redistribuyen hacia áreas de menor visibilidad. El programa de compliance es fenotipo extendido del memeplexo corporativo que optimiza para supervivencia regulatoria, no para reducción efectiva de riesgo.
La analogía con el régimen laboral es exacta. No es que los actores sean hipócritas conscientes. Es que las estructuras institucionales premian la profesión de principios sobre la producción de resultados.
Implicancias para la práctica profesional
Para el litigio estratégico: Si el lock-in institucional opera como mecanismo automático y no como decisión deliberada, las estrategias de reforma que apelan a la voluntad política están mal dirigidas. No es que los legisladores no quieran reformar. Es que la estructura fenotípica del sistema bloquea la reforma independientemente de las preferencias individuales. Las reformas exitosas requerirán diseño institucional que modifique los incentivos estructurales, no solo el contenido normativo.
Para el asesoramiento empresarial: La brecha entre ley formal y práctica real continuará ampliándose. El empleador que asuma cumplimiento automático de cualquier reforma laboral se expone a incertidumbre jurídica prolongada. Provisionamiento para escenarios alternativos y documentación exhaustiva son recomendaciones que sobreviven independientemente de la reforma que se apruebe.
Para la reflexión profesional: Si el sistema opera como fenotipo extendido de un memeplexo normativo, todos los que participamos del sistema jurídico laboral somos, en alguna medida, vectores de transmisión. No por mala fe, sino por formación profesional, incentivos de carrera e inercia institucional. Reconocerlo no implica cinismo. Implica honestidad intelectual como paso previo a cualquier reforma seria.
La pregunta incómoda
Goodman cierra su artículo en Aeon con una advertencia: “Cheating will never vanish, and some people will always look for an edge, but our distinctive intelligence lies as much in recognising exploitation and organising against it as in exploiting in the first place.”
Aplicado al régimen laboral argentino: ¿es el sistema un parásito memético? ¿O es una institución funcional con algunos oportunistas que requiere mejor vigilancia?
Los datos sugieren lo primero. Veinte años de informalidad estable alrededor del 40%, 23 reformas bloqueadas, cooperación institucional intensa que produce el resultado opuesto al declarado. No porque los actores sean maliciosos, sino porque la cooperación innata que Stewart-Williams documenta fue capturada por un memeplexo que construyó fenotipos extendidos optimizados para su propia reproducción, no para el bienestar de los trabajadores.
La biología evolutiva enseña que los parásitos exitosos no matan a su huésped; lo mantienen funcional mientras extraen recursos. El parasitismo memético opera de manera análoga: no destruye el sistema, lo mantiene lo suficientemente funcional para que persista, mientras redirige la cooperación institucional hacia la reproducción del memeplexo.
No pretendo tener la respuesta definitiva. Pero sí creo que la pregunta merece un lugar en el debate profesional, más allá de las trincheras habituales entre “flexibilizadores” y “proteccionistas.” Ambos bandos asumen que el problema es normativo: qué reglas deben regir. La hipótesis del fenotipo extendido sugiere que el problema es ecológico: qué replicadores culturales capturaron la maquinaria institucional, y qué fenotipos extendidos construyeron para asegurar su propia reproducción.
Referencias:
- Lerer, I. A. (2025). Law As Extended Phenotype: Toward an Evolutionary Theory of Legal Systems. SSRN Working Paper 5593470.
- Goodman, J. R. (2025). Invisible Rivals: How We Evolved to Compete in a Cooperative World. Yale University Press.
- Goodman, J. R. (2026). “How Selfish Are We?” Aeon Essays, 7 de febrero de 2026.
- Stewart-Williams, S. (2026). “Trust, Toddlers, and Wikipedia: Humans as Natural-Born Cooperators.” Entrevista con D. Gardner para The Seven Rules of Trust.
- INDEC, Indicadores de informalidad laboral (EPH), tercer trimestre de 2025.
- Dawkins, R. (1982). The Extended Phenotype. Oxford University Press.
- Ostrom, E. (2000). “Collective Action and the Evolution of Social Norms.” Journal of Economic Perspectives 14(3): 137-158.
Citas
(*) Ignacio Adrián Lerer es abogado (UBA) con MBA Ejecutivo (IAE Business School) y más de 30 años de experiencia en derecho corporativo. Desarrolla investigación independiente sobre aplicación de teoría evolutiva a sistemas legales. Sus papers están disponibles en SSRN. https://www.ssrn.com/author=7512489
Opinión
Negri & Pueyrredón Abogados
opinión
ver todosNoetinger & Armando
Cassagne Abogados






















































































































