Todos los años, el equipo editorial de un directorio como Chambers and Partners o Legal 500 recibe cientos de postulaciones para revisar. En los últimos años, sin embargo, empezó a notarse un patrón nuevo: decenas de esas candidaturas, escritas por firmas distintas, en países distintos y para áreas de práctica distintas, suenan exactamente igual. Misma estructura, mismas frases hechas, mismo cierre genérico sobre lo “complejo” que fue un asunto por su carácter “cross-border”. ¿Cuál es la razón? Es inteligencia artificial usada sin criterio.
El problema es usar la IA sin revisión
Nadie discute hoy que la inteligencia artificial es una herramienta útil para redactar más rápido, traducir o darle una primera forma a un texto. El problema aparece cuando la respuesta de la herramienta se pega tal cual, sin que nadie con criterio jurídico y conocimiento del asunto la revise. El resultado es previsible: una descripción técnicamente bien escrita, pero que no dice nada específico sobre el caso, el cliente o el rol real de la firma. Y del otro lado hay una persona, no un algoritmo, leyendo esa candidatura.
Los investigadores siguen siendo personas, y eso cambia todo
A pesar de la conversación general sobre automatización, el proceso de investigación de estos directorios no se redujo con la llegada de la IA: los equipos editoriales siguen leyendo personalmente cada candidatura, hablando con las firmas y entrevistando a los clientes. Eso significa que una submission que suena a inteligencia artificial sin editar no pasa desapercibida. Al contrario: cuando un investigador nota que la mitad de las candidaturas de un ciclo tienen la misma estructura y el mismo lenguaje, la que se diferencia con una narrativa concreta y específica es la que se queda con su atención.
Cómo se nota, en la práctica
Hay señales bastante reconocibles. La conclusión que insiste en que un asunto fue “complejo” sin explicar realmente por qué. Los párrafos que describen el trabajo de forma tan genérica que podrían aplicar a cualquier firma del mercado. La ausencia de un dato concreto, como un monto, una fecha o un rol específico, que sí podría haberse incluido. Ninguno de estos errores hunde una postulación por sí solo, pero repetidos a lo largo de veinte asuntos construyen la impresión de que nadie, del lado de la firma, se tomó el trabajo de revisar lo que se estaba presentando.
La misma lógica aplica en la práctica diaria
Vale la pena decirlo sin rodeos: la inteligencia artificial sigue equivocándose, y bastante, sobre todo en cuestiones estratégicas como esta. Un abogado que no puede evaluar si lo que le devolvió la herramienta es correcto tiene un problema, ya sea escribiendo un contrato o armando una postulación a un ranking. La solución pasa por no delegarles la última palabra a estas herramientas.
Para las firmas que están preparando su candidatura a Chambers Latinoamérica en las próximas semanas, la recomendación es simple de enunciar y más difícil de cumplir: usar la inteligencia artificial para ir más rápido, pero que la revisión final la haga siempre alguien que conoce el asunto de memoria y tiene clara la estrategia a seguir.
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