Soy Tania Estefanía Zúñiga Torres, abogada mexicana, mamá de Sofía y fundadora y CEO de Kwantiax Legal Consulting, una firma que nació de mi convicción de que el derecho puede ejercerse de una manera más estratégica, colaborativa y cercana al negocio. Estudié Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde también cursé una especialidad en Derecho de la Empresa y una maestría en Enseñanza del Derecho. Después seguí estudiando tecnología, contratos digitales, innovación y legal prompting.
¿Por qué elegiste estudiar derecho?
La respuesta poco romántica es que a los 17 o 18 años probablemente no entendía del todo lo que significaba ser abogada.
Pero con el tiempo descubrí por qué me quedé.
Me gusta resolver problemas. Me gusta tomar algo que parece complicado, desordenado o incluso imposible, entender cómo funciona y encontrar una manera de hacerlo realidad. El derecho terminó siendo una herramienta extraordinaria para eso.
Hoy creo que mi trabajo no consiste tanto en decir qué no se puede hacer, sino en ayudar a construir responsablemente el cómo sí.
¿Qué virtud personal valoras especialmente en vos?
La valentía. No porque no tenga miedo, sino porque he aprendido que se puede sentir miedo y avanzar de todos modos.
En los últimos años he tenido que tomar decisiones personales y profesionales importantes sin tener ninguna garantía de que fueran a salir bien.
¿Qué superpoder pensás que tenés o te gustaría tener? ¿Por qué?
Creo que tengo uno bastante particular: veo posibilidades donde otros ven problemas.
Mi cabeza funciona muy rápido conectando personas, conocimientos e ideas que aparentemente no tienen relación entre sí. Frente a un problema o reto complejo, casi inmediatamente empiezo a imaginar caminos alternativos.
A veces es superpoder y a veces es agotador, porque mi cerebro rara vez se queda quieto.
Si pudiera elegir uno adicional, sería detener el tiempo para disfrutar más despacio a las personas que quiero.
¿Qué te gustaría hacer en el futuro que hoy todavía no pudiste?
Escribir un libro.
No necesariamente un libro estrictamente jurídico. Me interesa escribir sobre liderazgo, tecnología, decisiones, miedo, reinvención y todo lo que ocurre detrás de una carrera profesional que desde afuera puede parecer perfectamente planeada y que, en realidad, se va construyendo mientras vivimos.
También quiero fundar otro negocio que pueda emplear a más mujeres y personas de la tercera edad, y que sea más creativo o artístico, me gustaría conectar con esa parte sensible que tengo.
¿Tenés un talento oculto que pocos conocen?
Creo que mi talento oculto es encontrar conexiones entre cosas que aparentemente no tienen nada que ver.
Puedo estar escuchando a alguien hablar de tecnología, liderazgo, una experiencia personal o incluso de algo completamente cotidiano y mi cabeza inmediatamente empieza a conectar puntos y pensar: “esto serviría para…”.
No sé si es exactamente un talento oculto porque quienes trabajan conmigo probablemente ya lo padecen. Tengo una cantidad bastante poco razonable de ideas nuevas.
¿Qué te ayuda a mantener los pies en la tierra?
Mi hija.
Tiene seis años y posee esa maravillosa capacidad de los niños para poner cualquier drama adulto en perspectiva. Tengo una fotografía de ella en la pantalla de mi teléfono y muchas veces, cuando tengo que tomar una decisión difícil, verla me recuerda quién quiero ser.
¿Qué te da confianza en vos?
La evidencia.
Durante mucho tiempo pensé que la confianza era una sensación: sentirse segura, no dudar, saber exactamente qué hacer. Hoy pienso distinto.
Mi confianza viene de mirar hacia atrás y recordar las cosas que alguna vez pensé que no iba a poder resolver y resolví. Los proyectos difíciles, las decisiones que daban miedo, los momentos en los que tuve que volver a empezar.
Sigo dudando. La diferencia es que ahora tengo evidencia de que puedo avanzar aun cuando dudo.
¿Qué libro, película o serie recomendarías sin dudar?
Tengo tres series a las que siempre vuelvo: Suits, Grey’s Anatomy y La Casa de Papel.
Y ahora que las veo juntas, creo que dicen bastante de mí. Me gustan las historias con personajes intensos, imperfectos, que tienen que tomar decisiones difíciles y resolver problemas bajo presión.
Suits probablemente era inevitable siendo abogada: me divierte la negociación, la estrategia y ese dramatismo absolutamente desproporcionado que hace parecer que revisar un contrato puede salvar al mundo.
Grey’s Anatomy me gusta por algo distinto: detrás de personas extraordinariamente capaces siempre hay seres humanos tratando de resolver su propia vida mientras resuelven problemas enormes.
Y La Casa de Papel tiene algo que me fascina: estrategia, anticipación y la idea de que para resolver algo aparentemente imposible a veces hay que pensar de una manera completamente diferente.
¿Qué música suele acompañarte en tu rutina?
Mi cantante favorita es Adele y también tengo una debilidad enorme por La Oreja de Van Gogh.
No sé si eso revela que debajo de la abogada corporativa hay una persona bastante más sentimental de lo que aparenta, pero probablemente sí.
¿Qué artista, personaje o referente cultural te inspira?
Frida Kahlo.
Me inspira especialmente su resiliencia y su capacidad para transformar experiencias profundamente dolorosas en algo creativo, poderoso y propio.
Me parece fascinante que no intentara borrar de su obra aquello que le había dolido, sino que lo incorporara a su identidad y a su manera de expresarse. Hay algo muy poderoso en entender que las experiencias difíciles no necesariamente tienen que disminuirnos; también pueden transformarnos.
Además, admiro su autenticidad. Frida construyó una identidad reconocible siendo profundamente ella misma, incluso cuando eso significaba romper con lo que se esperaba de una mujer en su época.
Creo que por eso me inspira, no por romantizar el dolor, sino por la capacidad de atravesarlo, reconstruirse y convertir lo vivido en fuerza para crear algo nuevo.
¿Tenés alguna frase o lema que te represente?
Tengo dos que repito muchísimo: “Creamos lo que creemos” y “Más vale hecho que perfecto”.
La primera me recuerda que antes de construir algo tenemos que ser capaces de imaginarlo y creer que es posible. Muchas de las decisiones más importantes de mi vida empezaron justamente así: con una idea que en ese momento parecía improbable, pero en la que decidí creer lo suficiente como para intentar convertirla en realidad.
La segunda es casi un antídoto contra mí misma. Soy exigente y puedo quedarme demasiado tiempo pensando cómo mejorar algo. “Más vale hecho que perfecto” me recuerda que las ideas sólo empiezan a tener valor cuando las ponemos en movimiento. Siempre habrá oportunidad de corregir, aprender y hacerlo mejor.
Creo que las dos juntas resumen bastante bien cómo intento vivir y trabajar: creer que algo es posible, atreverme a empezar y mejorarlo mientras avanzo.
¿Qué hacés para desconectarte o recargar energías?
Momentos sencillos con mi hija y mi familia, salir, conversar, viajar, comer rico o simplemente tener un rato en el que no haya que producir absolutamente nada.
¿Qué te emociona y qué te da orgullo?
Me emociona materializar cosas que antes sólo existían como una idea.
Me pasa con una empresa, un proyecto, un evento, una solución para un cliente o incluso con una persona del equipo que empieza a descubrir de lo que es capaz.
Y me da muchísimo orgullo haber construido una vida profesional en la que hoy puedo elegir con mayor libertad qué quiero hacer, con quién quiero hacerlo y, sobre todo, cómo quiero hacerlo.
¿Qué dispositivo o app usás más y por qué?
Probablemente ChatGPT.
Lo utilizo como una especie de mesa de trabajo para pensar: contrastar una idea, ordenar argumentos, cuestionar una hipótesis, estructurar algo que tengo dando vueltas en la cabeza o explorar un tema desde otro ángulo.
Para mí, la mejor tecnología no es la que piensa por nosotros, sino la que nos permite pensar mejor.
¿Cómo te llevás con la inteligencia artificial?
Con muchísimo entusiasmo y con una buena dosis de cautela profesional.
Trabajo precisamente en la intersección entre derecho y tecnología, así que me resulta fascinante lo que estamos viviendo. Creo que la inteligencia artificial va a transformar profundamente nuestra manera de trabajar y, en particular, nuestra profesión.
Así que soy entusiasta, curiosa y bastante insistente con la gobernanza.
¿Qué hábito digital no podés soltar, aunque te gustaría?
Revisar mensajes y correos como si en cualquier momento pudiera aparecer uno capaz de cambiar el destino de la humanidad.
Estoy trabajando en convencer a mi cerebro de que no todo necesita respuesta inmediata.
¿Qué cosas o actividades te conectan con tu creatividad?
Conversar, escuchar.
Muchas de mis mejores ideas aparecen hablando con alguien que sabe de algo completamente diferente a mí.
Me encanta reunir perspectivas distintas. Un abogado, un ingeniero, alguien de ciberseguridad o una persona de negocios pueden mirar exactamente el mismo problema y ver cuatro cosas diferentes. En esa intersección suelen aparecer las ideas que más me entusiasman.
También escribo mucho. Escribir me obliga a ordenar lo que pienso y, muy frecuentemente, termino descubriendo que mi verdadera idea era distinta de la que tenía cuando empecé.
¿Qué aprendiste haciendo algo que parecía “fuera de tu mundo”?
Emprender. Y quizá lo más curioso es que nunca estuvo en mis planes.
Durante muchos años imaginé mi carrera profesional de una manera bastante distinta. Emprender no era el objetivo; de hecho, me sentía cómoda con el camino que había construido. Pero las circunstancias cambiaron y llegó un momento en el que tuve que tomar una decisión que no había planeado: empezar de nuevo y construir algo propio.
Así nació Kwantiax.
Aunque es una firma legal, desde el principio decidimos pensarla y operarla como una empresa: con procesos, métricas, tecnología y objetivos de crecimiento. No quiero construir simplemente mi propio empleo; quiero construir una organización que pueda crecer más allá de mí y en la que otras personas puedan encontrar un lugar para desarrollarse de forma segura.
Eso significó descubrir que ser una buena abogada no necesariamente te prepara para dirigir una empresa. Ahora estoy aprendiendo de finanzas, ventas, tecnología, comunicación, liderazgo, administración y gestión de talento. Y algunas lecciones han sido bastante más difíciles que cualquier examen de la facultad.
Pero, sobre todo, emprender me enseñó algo incómodo y al mismo tiempo liberador: no necesito saber hacer todo para poder crear algo. Necesito saber aprender, preguntar, tomar decisiones y rodearme de personas que sepan cosas que yo no sé.
Y quizá ésa ha sido la lección más inesperada: no siempre podemos elegir las circunstancias que cambian nuestros planes, pero sí podemos elegir qué construir a partir de ellas.
¿Qué pregunta te gustaría que te hagan más seguido?
“¿Qué estás aprendiendo?”
Me parece mucho más interesante que “¿cómo te está yendo?”.
Preguntar qué está aprendiendo alguien abre conversaciones sobre errores, descubrimientos, personas, libros, experiencias y cambios de opinión.
¿Cuál sería el título de tu autobiografía?
“Y un día, la princesa se rescató a sí misma.”
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