Philip Kotler cuenta la historia de dos vendedores de zapatos enviados a la misma isla del Pacífico, donde nadie usaba calzado. El primero volvió con un mensaje: "No hay mercado, es una pérdida de tiempo". El segundo, frente a la misma escena, escribió: "Hay un mercado enorme, nadie usa zapatos". Comenzamos con este cuento el taller que brindamos con Majo Rosetti, a BA Empleabilidad Plateada, porque resume bastante bien de qué se trata buscar trabajo después de los 50: no es solamente un tema de mercado, es muy importante la actitud y perspectiva. Frente a una misma situación podemos elegir nuestra actitud y posicionarnos como protagonistas o en lugar de sentir que no hay oportunidades.

El eje del encuentro fue justamente ese: ¿estoy preparado/a para el mercado laboral de hoy? ¿Qué tengo que hacer para poder buscar trabajo?
El contexto cambió (equipos interdisciplinarios, modalidades híbridas, proyectos que se redefinen sobre la marcha, roles que no existían hace cinco años) y eso corre el eje de qué se valora en una trayectoria. Ya no alcanza con el "qué sé hacer" (las habilidades duras, técnicas, específicas de una profesión). Cada vez pesa más el "cómo lo hago": pensamiento crítico, resiliencia, adaptación, aprendizaje continuo, comunicación, trabajo en equipo, empatía, escucha activa, inteligencia emocional. Trabajamos con los participantes formas concretas de desarrollar esas habilidades blandas.
Acá van algunas ideas que surgieron:
1- Autoconocimiento, conocer mis emociones y estados de ánimo, ¿cómo las manejo?
2- Pedido de feedback a las personas con las que interactuamos
3- Participar de experiencias colaborativas, tales como practicar un deporte o realizar una tarea voluntaria por ejemplo.

Luego dimos lugar a lo práctico. Repasamos cómo adaptar el CV a cada búsqueda en lugar de mandar uno genérico, cómo usar palabras clave del puesto (también pensando en los sistemas ATS que filtran antes de que un humano lea el CV), qué herramientas de IA pueden ser útiles para mejorar el currículum y por qué LinkedIn funciona como vidriera profesional para reactivar contactos profesionales previos.
Hablamos también de marca personal como ejercicio concreto de identificar la propuesta de valor propia, el diferencial que nos hace únicos.

La parte que más resonó fue la de entrevistas con la premisa de que las historias se recuerdan más que los currículums, porque generan conexión y confianza. Los invitamos a repasar su trayectoria profesional y a contarla a modo de historia como un cuento.
Cerramos la actividad con una frase de Viktor Frankl que quedó dando vueltas en la sala: “lo único que no se le puede arrebatar a una persona es la elección de la actitud frente a lo que le toca vivir”. Buscar trabajo después de los 50 tiene esa misma lógica: el contexto y las oportunidades no siempre se pueden elegir, pero la actitud es clave para no desanimarnos y seguir creciendo como personas más allá de las circunstancias.
Nos gustaría saber: en tu empresa, ¿para qué posiciones suelen considerar a profesionales de más de 50 años de edad?
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