Arranca el 2026 y, con él, las resoluciones de año nuevo empiezan a tomar forma. En muchas firmas, despachos y estudios profesionales, una de esas metas suele repetirse: “este año vamos a empezar a hacer marketing”.
Y casi de inmediato aparece la gran pregunta: ¿por dónde empezamos?
Lo primero que conviene aclarar es que no se puede —ni se debe— empezar con todo a la vez. Las herramientas de marketing y desarrollo de negocios son muchas, y tratar de implementarlas todas en simultáneo suele ser difícil, por no decir imposible. Por eso, antes de avanzar, el paso clave es ordenar prioridades.
A continuación, algunas sugerencias prácticas para tomar decisiones realistas y empezar el año con foco.
1. Definir en que querés trabajar y elegir solo dos cosas
El primer ejercicio consiste en hacer una lista de todos los temas o iniciativas en los que a la firma le gustaría avanzar durante el año: imagen institucional, presencia en directorios y rankings, comunicación, cross-selling, creación de un nuevo departamento o área, networking, redes sociales, publicidad, eventos, entre otros.
Una vez armada esa lista, viene lo más importante: elegir solo dos prioridades y comprometerse a trabajar de lleno en ellas durante el 2026. Menos es más cuando se trata de construir de manera sostenida.
2. Asignar responsables internos
Definidas las dos prioridades, el siguiente paso es identificar responsables dentro de la organización. Idealmente, serán las personas encargadas de trazar un plan simple y concreto sobre qué se quiere lograr este año en cada uno de esos rubros y de hacer seguimiento de los avances.
Sin responsables claros, incluso las mejores ideas tienden a diluirse.
3. Pedir ayuda cuando haga falta
Si los recursos internos no son suficientes, pedir ayuda externa es una decisión estratégica, no un gasto innecesario. Externalizar parte del trabajo permite avanzar sin sobrecargar al equipo y, muchas veces, acelera resultados gracias a la experiencia especializada.
4. Definir un presupuesto desde el inicio
Toda iniciativa necesita respaldo económico. Determinar un presupuesto para esas dos prioridades y reservarlo desde el inicio del año es clave. Sin un presupuesto asignado, los proyectos suelen quedar en buenas intenciones que nunca terminan de ejecutarse.
5. Manos a la obra
Con prioridades claras, responsables definidos, apoyo adecuado y presupuesto asignado, solo queda hacer lo más importante: empezar.
Trabajar de esta manera vuelve los objetivos más alcanzables y las metas mucho más realistas. Algunos resultados llegarán más rápido que otros, pero hay algo que no falla: sin dar el primer paso, nada empieza a funcionar.
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