Firma electrónica y firma digital: diferencias fundamentales para una implementación segura, eficaz y estratégica
Por Melany Dipolvere (*)

En el contexto de la transformación digital, la firma electrónica y la firma digital se han consolidado como herramientas fundamentales para la formalización segura de documentos en entornos digitales. A pesar de que muchas veces se utilizan como sinónimos, existen diferencias sustanciales entre ambas, tanto en su estructura técnica como en su valor legal.

 

Comprender estas diferencias no sólo es relevante para el ámbito jurídico, sino también para áreas como salud, educación, recursos humanos, tecnología, logística y gestión empresarial, donde la necesidad de validar la identidad y voluntad de las partes en entornos digitales es cada vez más frecuente.

 

¿Qué es una firma electrónica?

 

La firma electrónica es un término amplio que abarca todo mecanismo digital que permite identificar al firmante y expresar su consentimiento sobre un documento. Incluye desde métodos simples (como un clic validado con autenticación) hasta tecnologías más robustas como biometría o códigos de un solo uso.

 

Aspectos fundamentales:

 

  • No requiere un certificador oficial.
  • No posee presunción legal automática, pero tiene plena validez jurídica si se puede probar su autenticidad.
  • Su fuerza legal depende de la trazabilidad, la identidad del firmante y los mecanismos técnicos de respaldo.
  • Es flexible, ágil y escalable, lo que la hace ideal para procesos administrativos, comerciales y operativos en múltiples sectores.

Se destaca por su adaptabilidad y eficiencia en entornos donde no se exige una firma digital certificada por ley, como contratos internos, consentimientos informados, acuerdos comerciales o documentación en recursos humanos.

 

¿Qué es una firma digital?

 

La firma digital es una forma específica y regulada de firma electrónica, que utiliza tecnología de criptografía asimétrica y que requiere ser emitida por un certificador licenciado por el Estado (por ejemplo, la ONTI en Argentina).

 

Aspectos fundamentales:

 

  • Tiene presunción legal de autoría e integridad, según la Ley 25.506.
  • Equivale jurídicamente a una firma manuscrita, lo que desplaza la carga de la prueba a quien la impugna.
  • Su emisión y uso están estrictamente regulados.
  • Ofrece un nivel de seguridad jurídica superior, especialmente útil (y a veces obligatorio) en contextos formales: poderes notariales, balances contables, presentaciones ante organismos públicos, etc.

Es la opción indicada cuando se requiere la máxima certeza jurídica y cumplimiento normativo.

 

Diferencias principales

 

Certificación

 

  • Firma electrónica: no requiere un certificador oficial.
  • Firma digital: debe ser emitida por un certificador licenciado.

Presunción legal

 

  • Firma electrónica: no posee presunción automática, requiere prueba de validez.
  • Firma digital: goza de presunción legal de autoría e integridad.

Valor jurídico

 

  • Firma electrónica: válida si se acredita su autenticidad.
  • Firma digital: tiene el mismo valor legal que una firma ológrafa.

Ámbitos de uso más frecuentes

 

  • Firma electrónica: recursos humanos, salud, contratos comerciales, educación, procesos internos.
  • Firma digital: actos jurídicos regulados, como presentaciones judiciales o ante la AFIP.

Seguridad técnica

 

  • Firma electrónica: depende del sistema implementado (por ejemplo, doble autenticación, hash, registros de auditoría).
  • Firma digital: alta, con estándares criptográficos y control estatal.

¿Cuál conviene implementar?

 

La elección entre firma electrónica y firma digital no es una cuestión de jerarquía, sino de adecuación al contexto. Las variables clave son:

 

  • El marco regulatorio aplicable al acto o sector.
  • El nivel de riesgo o exposición jurídica.
  • Los objetivos del proceso digitalizado.
  • La infraestructura tecnológica y el modelo operativo de tu organización.

En muchos casos, una firma electrónica avanzada, bien implementada, puede cumplir los mismos fines legales que una firma digital, con mayor agilidad operativa.

 

¿Y en la práctica diaria?

 

En ámbitos como los recursos humanos, la gestión documental interna o los trámites administrativos cotidianos, donde muchas veces ni siquiera se exige formalmente una firma, la firma electrónica resulta no solo suficiente desde el punto de vista legal, sino además altamente conveniente. Su implementación permite formalizar consentimientos, aprobaciones y acuerdos con trazabilidad e identidad comprobable, sin necesidad de recurrir a dispositivos físicos como tokens o instalaciones complejas.

 

Con solo unos clics desde el celular —por ejemplo, al ingresar a una plataforma segura que valida identidad mediante un código de acceso o autenticación en dos pasos— el proceso se completa en segundos, mejorando la experiencia del usuario y optimizando tiempos operativos. Esta practicidad convierte a la firma electrónica en la aliada ideal para digitalizar flujos de trabajo de manera eficiente, sin resignar validez ni seguridad jurídica en contextos donde la firma digital certificada no es exigida.

 

Conclusión

 

La firma electrónica y la firma digital no son excluyentes, sino complementarias. Comprender sus diferencias permite a las organizaciones tomar decisiones informadas, equilibrando seguridad jurídica, eficiencia operativa y experiencia del usuario.

 

 

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