Las firmas legales miran hacia dentro mientras el mundo cambia fuera
Por Marc Gericó

En los últimos doce meses hemos mantenido conversaciones con 140 General Counsel de Estados Unidos y América Latina, 60 en España y 48 líderes de firmas legales.

La conclusión que se repite, con independencia del mercado y del tamaño de la firma, es la misma: hay una distancia clara entre cómo describe su situación una firma y cómo la percibe el cliente que la contrata.

Las empresas están tomando decisiones de una complejidad que hace cinco años no tenían. Relocalizaciones de operaciones, revisión de estructuras societarias que funcionaban en un mundo con otras reglas, gestión de riesgo regulatorio en bloques geopolíticos que han dejado de compartir los mismos estándares. Cada una de esas decisiones genera trabajo jurídico que no existía, con urgencia y con exigencia de criterio integrado.

España y Europa están en el centro de esa tensión.

Mercados maduros que acompañan a sus clientes en reestructuraciones industriales, en operaciones transfronterizas que antes seguían patrones predecibles y hoy requieren criterio jurídico aplicado a entornos que el propio derecho todavía está definiendo. Mientras eso ocurre fuera, dentro de las firmas se acumulan presiones que llevan tiempo sin respuesta.

Los clientes tienen objetivos formales de reducción de gasto legal externo y la tecnología les está dando herramientas para cumplirlos. El talento joven elige dónde trabajar con criterios de flexibilidad y propósito que el modelo tradicional de partnership satisface con dificultad. Los márgenes del trabajo rutinario se estrechan a medida que la automatización lo hace más barato. Todo eso ocurre al mismo tiempo en que el entorno exterior exige más capacidad de respuesta.

Hay firmas que llevan años ocupadas en sus propios debates internos, en sus inercias de modelo, en conversaciones sobre compensación y gobierno que nunca terminan de resolverse, y que están descubriendo ahora que el mercado tomó decisiones por ellas mientras tanto.

La complejidad del mundo genera regulación y la regulación genera trabajo. Cada nueva barrera comercial, cada reorganización geopolítica, cada ruta de inversión reconfigurada produce contratos, disputas, reestructuraciones y marcos normativos que alguien tiene que asesorar.

Para las firmas que hayan tomado sus decisiones pendientes, este es un mercado con más oportunidad de la que aparenta.

 

 

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