Brasil
Brasil: el mercado más gratificante de América Latina para quienes saben moverse en él
Por Ryan Mullen y Agustín Bauer
Wasserman West

Cada mercado latinoamericano tiene su propio carácter legal y operativo, pero Brasil constituye una categoría aparte. Su escala, profundidad institucional y complejidad regulatoria no tienen comparación en la región. Para las empresas estadounidenses que evalúan entrar en el mercado brasileño, o que ya operan allí, entender cómo funciona realmente el entorno legal es la base para tomar buenas decisiones.

 

El sistema legal brasileño no es una versión más complicada del estadounidense. Es un sistema fundamentalmente distinto, construido sobre premisas diferentes y que opera a otra escala. La relación entre las empresas y el sistema legal es más continua, más exigente en lo procesal y está mucho más presente en las operaciones diarias de lo que están habituadas a manejar la mayoría de las empresas estadounidenses.

 

Nada de esto vuelve a Brasil inmanejable. Lo que sí significa es que la infraestructura legal y de cumplimiento necesaria para operar adecuadamente allí debe construirse pensando en el mercado brasileño, no adaptarse a partir de un molde estadounidense. Este artículo repasa las áreas clave en las que ambos sistemas divergen y lo que esas diferencias implican en la práctica.

 

Una cultura legal basada en la participación activa

 

El ecosistema legal brasileño opera a una escala que no tiene equivalente en Estados Unidos. El país cuenta con entre 1.800 y 2.000 facultades de derecho reconocidas por la Ordem dos Advogados do Brasil y el Ministerio de Educación, frente a unas 200 facultades acreditadas en Estados Unidos. En términos per cápita, Brasil tiene aproximadamente el doble de abogados.

 

No se trata de una estadística sobre exceso de oferta. Refleja una cultura legal en la que los derechos se reclaman activamente, las disputas son accesibles y la participación legal está normalizada en todos los sectores de la vida comercial. Para las empresas que entienden cómo funciona este sistema, el entorno es perfectamente abordable; para las que no, el volumen por sí solo puede resultar abrumador.

 

Una complejidad fiscal que exige planificación anticipada

 

El sistema tributario brasileño está considerado uno de los más complejos del mundo y genera litigios en proporción. Las estimaciones del Consejo Nacional de Justicia de Brasil y de Insper sitúan el total de disputas fiscales, tanto en instancias administrativas como judiciales, en aproximadamente entre 5 y 7 billones de reales, lo que equivale a entre el 50 % y el 75 % del PIB brasileño. Solo los casos de ejecución fiscal representan entre el 30 % y el 40 % de todos los asuntos judiciales pendientes.

 

En Estados Unidos, el IRS resuelve la mayoría de las disputas por vía administrativa y el Tribunal Fiscal estadounidense tramita entre 25.000 y 35.000 casos nuevos al año. En Brasil, el litigio fiscal no es un recurso excepcional: es un rasgo estructural del sistema.

 

En la práctica, la exposición fiscal en Brasil es continua. Persiste durante años, a veces décadas, y exige planificación, no reacción improvisada. Las empresas que tengan esto en cuenta desde el inicio podrán estructurar operaciones, transacciones y reservas en consecuencia. El riesgo no es inmanejable, pero no perdona a quien llega sin un marco para abordarlo.

 

Materia laboral: recalibrar las expectativas

 

Brasil cuenta con un fuero laboral especializado, dedicado exclusivamente a este tipo de disputas. Según el Consejo Nacional de Justicia, el país registra entre 2 y 3 millones de demandas laborales al año. En Estados Unidos, el total de disputas laborales formales, incluyendo denuncias ante la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC) y demandas federales, oscila entre 100.000 y 150.000 anuales.

 

Esta disparidad no refleja una disfunción del entorno laboral, sino un sistema con bajas barreras para presentar demandas, una estructura de costos favorable para los demandantes y una cultura legal en la que las disputas posteriores al empleo se asumen como parte de la relación laboral.

 

Para las empresas que llegan a Brasil con expectativas basadas en la realidad estadounidense, donde lo habitual es esperar quizá una reclamación laboral por cada 100 empleados al año, el ajuste es considerable. En Brasil, ese volumen puede ser entre 20 y 30 veces mayor. No es motivo de alarma: es el escenario habitual y puede valorarse, gestionarse y mitigarse con una planificación cuidadosa desde el inicio.

 

El formalismo como característica, no como defecto

 

El formalismo procesal brasileño suele señalarse como un punto de fricción, y es cierto que incluso errores técnicos menores pueden acarrear consecuencias desproporcionadas en un sistema construido en torno al cumplimiento estricto. Pero el formalismo también aporta previsibilidad. Un sistema regido por reglas consistentes, por más exigentes que sean, es un sistema que se puede dominar.

 

El efecto acumulativo del entorno legal brasileño, una profesión jurídica numerosa, un poder judicial formalista, una autoridad regulatoria descentralizada en los niveles federal, estatal y municipal, y un rezago judicial que dilata los plazos, genera una dinámica que premia la precisión y la preparación por encima de todo. Las empresas que asimilan esta lógica están en mejores condiciones para evitar disputas desde el principio y para gestionarlas con eficiencia cuando surgen.

 

Construir la arquitectura legal adecuada

 

La infraestructura legal que funciona en Estados Unidos no cumplirá la misma función en Brasil sin ajustes. En Estados Unidos, entre el 10 % y el 15 % de los abogados trabajan en departamentos jurídicos internos, y las empresas medianas suelen mantener equipos legales propios. Las grandes corporaciones pueden emplear a decenas o cientos de abogados repartidos entre las áreas de cumplimiento, laboral, fusiones y adquisiciones y regulatoria.

 

Brasil sigue otro modelo. El volumen y la fragmentación de las exigencias legales, reclamaciones laborales, disputas fiscales, regímenes regulatorios superpuestos y amplias obligaciones de cumplimiento hacen poco práctico que la mayoría de las organizaciones manejen todo internamente. Las empresas brasileñas suelen mantener equipos internos reducidos que actúan como coordinadores del riesgo legal, en estrecha colaboración con asesores externos que asumen el grueso del trabajo.

 

Para las empresas estadounidenses que entran en el mercado, esto significa que el modelo adecuado no es una versión ampliada del departamento legal que tienen en Estados Unidos, sino un modelo distinto, adaptado a cómo funciona realmente el trabajo legal en Brasil.

 

Brasil es complejo, pero perfectamente abordable

 

Las características del entorno legal brasileño que pueden parecer ajenas al principio, el volumen de litigios, los requisitos procesales y la complejidad fiscal, no son impredecibles. Siguen patrones y esos patrones pueden entenderse, planificarse y gestionarse con eficacia, si se abordan con el enfoque adecuado.

 

Para las empresas que exploran el mercado brasileño, la inversión más valiosa es la inicial: comprender con precisión cómo funciona el sistema y estructurar las operaciones en consecuencia desde el primer momento. Para las que ya operan en Brasil, nunca es tarde para revisar si la arquitectura legal actual responde adecuadamente a las necesidades del negocio.

 

El mercado de consumo de Brasil, su economía en crecimiento y su posición como el mayor mercado de América Latina, lo convierten en una oportunidad muy atractiva para las empresas estadounidenses en un amplio abanico de industrias. La clave está en abordarlo en sus propios términos.

 

 

Wasserman West, LLC
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