
Milagros Ibarzabal (M.I.) ingresó en Marval O’Farrell Mairal en 2019 y actualmente se desempeña en el área de Derecho Público y Administrativo y antes de ingresar al Estudio, trabajó en Cassagne Abogados durante 6 años.
Se graduó como abogada en la Universidad Austral, en 2012, con el mejor promedio de la promoción y obtuvo el premio Guillermo Borda por mejor promedio en las materias de Derecho Privado, así como el premio al mejor trabajo de investigación durante la carrera.
Milagros cuenta con un LL.M. en New York University donde obtuvo la beca Dean’s Graduate Award y una maestría en Derecho Administrativo de la Universidad Austral, donde obtuvo una beca por mérito académico y una mención por tesina destacada. Fue becada en 2012 por la Fundación Botín para participar del Programa de Fortalecimiento en la Función Pública en América Latina desarrollado en Brown University. Asimismo, ha realizado el curso “Compliance para las organizaciones” de la Universidad Católica de Uruguay.
Ha dictado clases de grado y posgrado en materias de Derecho Público en la Universidad Austral, la Universidad Católica Argentina y en la Escuela de Abogados de la Procuración del Tesoro de la Nación y en la Universidad de Buenos Aires.
Ha escrito varios artículos de su especialidad y es miembro del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal.
Alejo Martín Gascón (A.M.G.): se incorporó a Marval O'Farrell Mairal en 2012, donde actualmente desempeña un papel destacado en las áreas de Defensa del Consumidor, Litigios y Arbitrajes. Es reconocido como un experto en temas de responsabilidad por productos y litigios fintech, contando con una sólida trayectoria en el asesoramiento regulatorio y recalls. En el ámbito de los litigios, se distingue por su habilidad en la delineación de estrategias y el desarrollo de argumentos científicos y técnicos.
Previo a su ingreso al Estudio, acumuló 8 años de experiencia en la Cámara Nacional en lo Civil. Se graduó como abogado en la Universidad de Buenos Aires en 2011 y posteriormente complementó su formación con diversos cursos de posgrado, entre los que destaca una maestría en Derecho y Economía en la Universidad Torcuato Di Tella, así como el programa Regulation of Consumer Markets en The University of Chicago.
Alejo es autor y coautor de varios artículos de renombre tanto a nivel local como internacional en su campo de especialización. Además, ha contribuido con el capítulo sobre Contratos de Consumo (arts. 1092-1122) en la segunda edición del Código Civil y Comercial de la Nación Comentado (2023), bajo la dirección de los Dres. Julio César Rivera y Graciela Medina. Asimismo, ha participado como ponente en las Jornadas Nacionales de Derecho Civil.
Fue reconocido por tres años consecutivos como Rising Star (Consumer Law) por The Legal 500.
Es miembro activo del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, el Colegio de Abogados de Tucumán y el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires.
¿Qué significa para ustedes haber sido designados socios en Marval O’Farrell Mairal y cómo reciben este nuevo desafío en sus carreras?
A.M.G.: Ante todo, es un orgullo personal y un paso importante en el proceso profesional. En una analogía deportiva, diría que es la convocatoria para jugar en la primera de un club. No solo hay que tener la madurez adecuada, sino también haber logrado los méritos suficientes para que te consideren. A veces hay “tocados por la varita” que llegan más rápido y otros tienen que pelearla más. Yo siempre me consideré de ese segundo grupo. También hay quienes, por razones difíciles de explicar, nunca llegan a debutar… y así son las reglas del juego.
El primer partido en la primera del club es una alegría inmensa y se festeja con intensidad, pero también se sabe que todo el esfuerzo realizado para llegar hasta ahí tiene como objetivo rendir, ganarse un lugar en el equipo, mantenerse y crecer. Me tocó vivirlo en el rugby y ahora siento algo muy similar: el debut es solo el comienzo.
M.I.: Para mí, ser designada socia de Marval O’Farrell Mairal es un honor y una gran responsabilidad. Es el reconocimiento de un camino recorrido en el que he tenido la oportunidad de aprender de colegas excepcionales y de participar en asuntos de gran relevancia. Recibo este nuevo desafío con entusiasmo y con el compromiso de seguir aportando al crecimiento del departamento de Derecho Público y Administrativo y a la excelencia profesional que caracteriza al Estudio.
¿Cuáles consideran que han sido los hitos o casos más relevantes que marcaron su trayectoria profesional dentro del Estudio?
M.I.: No creo que haya un único hito más relevante que los demás. Desde mi ingreso a Marval en 2019, tuve la oportunidad de participar en asuntos de gran envergadura, tanto en el ámbito del asesoramiento como en disputas complejas frente al Estado. En cada uno de ellos procuré aportar con responsabilidad y compromiso, siempre con el foco puesto en responder a las necesidades de nuestros clientes.
A.M.G.: Por mi parte, no tengo hitos marcados de trayectoria. Lo veo más como un constante esfuerzo por aprender, mejorarme cada día y buscar lo mejor para el equipo.
En sus respectivas áreas −Litigios y Arbitrajes, y Derecho Público y Administrativo−, ¿qué tendencias o desafíos legales están viendo para los próximos años?
A: En el ámbito de los litigios, uno de los principales desafíos para los próximos años será la incorporación de herramientas de IA en el análisis de estrategias procesales y en la predicción de escenarios, lo que plantea no solo oportunidades sino también interrogantes éticos y prácticos sobre su influencia en la toma de decisiones judiciales y arbitrales. Estas tecnologías, sumadas a la utilización y procesamiento de big data, permitirán identificar patrones de comportamiento de tribunales, partes y contrapartes, optimizar la gestión de la prueba y anticipar tendencias jurisprudenciales. Sin embargo, exigirán que los litigantes desarrollemos nuevas competencias técnicas y un pensamiento crítico que nos permita aprovechar su potencial sin perder de vista los fundamentos jurídicos y la dimensión humana de los conflictos.
M.I. En el área de Derecho Público y Administrativo prevemos un escenario muy dinámico, impulsado por el avance en la agenda de privatizaciones, el impulso a la desregulación y la reforma del Estado, el nuevo régimen de concesión de obras e infraestructuras y los incentivos a la inversión previstos en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Adicionalmente, la creciente incorporación de tecnología en la gestión pública (por ejemplo, inteligencia artificial) en el mediano plazo también traerá desafíos interesantes para nuestro sector.
Alejo, ¿cómo influye tu especialización en litigios complejos, especialmente con componentes científicos y técnicos, en el asesoramiento a clientes?
Mi especialización en litigios complejos con componentes científicos y técnicos me llevó a trabajar en causas donde la clave no está solo en el derecho, sino en comprender profundamente ciencias que, por naturaleza, no ofrecen verdades definitivas sino hipótesis que aún no han sido refutadas. Incluso teorías tan sólidas como las de Einstein han sido revisadas con el tiempo. En este contexto, mi rol incluye aplicar el pensamiento científico y las reglas de la lógica para analizar pruebas, detectar falacias y cuestionar razonamientos que se apoyan más en la autoridad del perito que en la solidez de su fundamento.
El desafío es enorme porque en Argentina el sistema de prueba pericial es precario: el informe del perito de oficio, más que una opinión, se trata como un veredicto que, en la práctica, el juez rara vez contrasta de manera real. Esto puede convertir a los jueces en “boca del perito” más que en juez de la prueba y relega a los consultores técnicos a un rol casi decorativo, sin incidencia real en la decisión. La falta de transparencia en la designación, incentivos débiles para atraer a los mejores especialistas y la tendencia a privilegiar la figura del perito oficial por sobre la lógica y la evidencia generan un terreno donde litigar sobre cuestiones técnicas exige un dominio profundo de la materia, capacidad de desmontar razonamientos viciados y una estrategia procesal que anticipe las debilidades del propio sistema.
Milagros, liderás asuntos de alta complejidad regulatoria: ¿qué aprendizajes clave te ha dejado esa experiencia?
Uno de los principales aprendizajes que me dejó la gestión de este tipo de asuntos es que, junto al conocimiento técnico, resulta muy importante la capacidad de comprender el contexto y anticipar escenarios. Esta experiencia también me reafirmó la relevancia del trabajo en equipo con un enfoque multidisciplinario.
¿Qué rol juega la formación académica continua y la experiencia internacional en la manera en que encaran su trabajo como socios?
M.I. La formación académica continua es esencial para mantenernos actualizados frente a marcos normativos y contextos que evolucionan rápidamente. Nos permite abordar los asuntos con una base sólida, con apertura a nuevas herramientas y tener versatilidad para responder a los distintos desafíos −cada día más complejos− que enfrentan nuestros clientes en su interacción con el sector público.
En mi caso, luego de graduarme como abogada, he realizado una Maestría en Derecho Administrativo en la Universidad Austral y un LL.M. en New York University. Adicionalmente, en los últimos años también he realizado cursos en materia de compliance dada la creciente demanda de este tipo de servicios por parte de nuestros clientes. La formación académica continua estuvo siempre acompañada de actividad docente tanto en grado como en posgrado en instituciones de renombre como la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Austral, la Universidad Católica Argentina y la Escuela de Abogados del Estado de la Procuración del Tesoro, y de la publicación de artículos de doctrina.
Por otra parte, la experiencia internacional que he tenido durante mis años de estudiante y profesional (LL.M. en Estados Unidos, intercambio en Italia, entre otras experiencias fuera de Argentina), me ha permitido ampliar la perspectiva, conocer distintos sistemas jurídicos, culturas, estándares y prácticas. Sin dudas, esta experiencia me ha brindado herramientas muy útiles en mi interacción con clientes de distintas jurisdicciones y me ha permitido conocer excelentes abogados de otras partes del mundo. En un entorno cada vez más globalizado creo que este tipo de experiencias resultan indispensables.
A.M.G.: En mi caso, la formación académica continua y la experiencia internacional fueron decisivas para ampliar mi marco de análisis. La especialización en análisis económico del derecho −tanto en la Universidad Torcuato Di Tella como en The University of Chicago− me permitió entrenar la mirada para abordar los problemas desde múltiples ángulos, evaluando no solo las implicancias jurídicas sino también sus efectos prácticos y económicos. Esta perspectiva enriquece la argumentación, ayuda a anticipar consecuencias y fortalece la estrategia, especialmente en litigios complejos donde los intereses en juego y el impacto de la decisión trascienden lo estrictamente legal.
¿Cómo describirían la cultura de trabajo en Marval y qué creen que los diferencia como estudio en el mercado legal argentino e internacional?
A.M.G.: En Marval, la cultura de trabajo se centra en la búsqueda constante de la excelencia. Esa búsqueda exige precisión en el detalle y, al mismo tiempo, mucha humildad: estar abiertos a escuchar en 360°, asumir que en el proceso podemos equivocarnos y que la mejor idea puede venir de cualquier miembro del equipo. Trabajar rodeado de profesionales brillantes que aportan valor real a los clientes genera un ecosistema donde el estándar de calidad del servicio está por encima de todo lo que he visto en el mercado.
Antes de incorporarme, pasé ocho años en tribunales y pude ver escritos y estrategias de prácticamente todos los estudios. El nivel tan superior de Marval fue, para mí, un imán irresistible para querer formar parte de este equipo.
M.I. Coincido con Alejo en que creo que la cultura de trabajo en Marval combina excelencia técnica, colaboración y una fuerte orientación a resultados. Es un entorno donde se valora el trabajo en equipo, el aprendizaje continuo y la diversidad de perspectivas, lo que enriquece la manera en que abordamos cada asunto.
Lo que nos diferencia es la capacidad de ofrecer un asesoramiento integral (es reconocido como el estudio con más áreas de práctica en Argentina), con estándares internacionales y un profundo conocimiento del contexto local. Esa combinación nos permite acompañar a nuestros clientes en desafíos complejos, con soluciones prácticas y estratégicas.
¿De qué manera planean aportar a la estrategia y el crecimiento de sus áreas en esta nueva etapa?
M.I. En esta nueva etapa, mi objetivo es contribuir a mantener el posicionamiento del área como referente en asuntos complejos de Derecho Público. También quiero contribuir al crecimiento del área fomentando la innovación en la forma de brindar nuestros servicios y ampliando nuestra presencia en asuntos de alto impacto.
A.M.G.: Por la propia prudencia del litigante, no me permito adelantar demasiado sobre la estrategia, pero sí puedo decir que una de las líneas de trabajo que visualizo pasa por fortalecer el uso de herramientas de inteligencia artificial y big data. Estas tecnologías, bien aplicadas, pueden potenciar la preparación de casos, optimizar el análisis de información compleja y anticipar tendencias, lo que a su vez se traduce en un servicio más eficiente y de mayor valor para nuestros clientes.
¿Qué consejo les darían a los jóvenes abogados que aspiran a crecer profesionalmente en estudios de gran trayectoria?
A.M.G.: Desde chico me gustaba competir. A los 8 o 9 años, mi abuelo fue a verme jugar un partido; perdí y me fui desconsolado. Entonces, me recitó el Piu Avanti de Almafuerte, que todavía recuerdo de memoria. Su mensaje era simple: para crecer hay que perseverar y sacrificarse, incluso cuando el resultado es adverso. Comprendí que podía esforzarme y, con eso, ocupar un lugar clave.
Al entrar a Marval, vi ese poema colgado en la oficina de un socio y supe que estaba en el lugar correcto. Mi consejo para los jóvenes abogados: no se midan solo por su talento; midan su progreso por la capacidad de insistir, aprender y levantarse cada vez. Esa actitud abre el camino en estudios de gran trayectoria y es importante estar en un lugar donde los jefes sepan valorarlo.
Sumen la capacidad de trabajar en equipo y de hacer que su potencial sea indispensable para el grupo, y descubrirán que el crecimiento profesional no es solo individual: se multiplica cuando todos empujan en la misma dirección.
M.I. A los jóvenes abogados les diría que el crecimiento profesional es un camino que combina excelencia técnica, compromiso y curiosidad constante. Es importante buscar siempre aprender y asumir nuevos desafíos. La proactividad, la capacidad de trabajar en equipo y la integridad profesional son valores que abren puertas. Finalmente, les diría que el networking es una herramienta clave para crecer en una firma jurídica porque permite construir relaciones de confianza tanto dentro del estudio como con colegas, clientes y referentes del sector. Más allá del conocimiento técnico, la capacidad de generar y sostener vínculos estratégicos brinda nuevas oportunidades de trabajo, facilita el intercambio de experiencias y potencia la visibilidad profesional.
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