Hace un año escribí sobre el Decreto 366/2025 en La Nación e Infobae (https://www.lanacion.com.ar/opinion/residencia-ciudadania-y-un-nuevo-orden-el-decreto-migratorio-de-milei-nid15062025/). En ese momento celebré la iniciativa. Hoy, a casi un año, el balance es incómodo: en la práctica, el sistema no despegó y terminó complicándole la vida a miles de personas.
No solo no avanzamos: retrocedimos.
El aftermath:
Cierre y endurecimiento
Se restringió el acceso a ciertos perfiles (especialmente rusos, tras abusos evidentes como turismo por natalidad e incluso casos de espionaje con pasaportes argentinos), se endurecieron requisitos —como el salario mínimo multiplicado por 5 para rentistas— y se eliminaron beneficios de residencia permanente para personas que nada tenían que ver. Resultado: pagaron justos por pecadores.
Mayor control migratorio
Subió drásticamente el control de pasaportes y el escrutinio sobre viajeros frecuentes. Muchos reportan ser cuestionados, separados, demorados. Se terminó la lógica laxa. El “puente a Uruguay” ya no funciona: quien quiera quedarse, tiene que regularizarse en serio.
Ciudadanía por naturalización: paralizada y desordenada
Primero se le quitó la potestad a los jueces, luego durante 4 meses no hubo un canal para solicitarla en Migraciones. A partir del 6 de octubre se habilitó una ventanilla online… pero sin nadie del otro lado analizando expedientes.
Hoy el resultado es crítico: miles y miles de solicitudes acumuladas, sin resolución.
A esto se suma un problema jurídico serio: se introdujo la exigencia de no salir del país por años para poder aplicar, lo cual choca directamente con el Artículo 14 de la Constitución Nacional Argentina (libre circulación).
En la práctica, sumado a esos 2 años para ser un aplicante "elegible", muchos ya llevan un año adicional “perdido”: la ley cambió, pero no había sistema para aplicar. Y ahora, aunque aplicaron, nadie responde.
Dato clave: hasta hoy, no se ha otorgado una sola ciudadanía por naturalización bajo el nuevo esquema por paso del tiempo.
¿La única vía concreta hoy? Judicializar y volver a los juzgados.
Ciudadanía por inversión: la gran promesa incumplida
Argentina salió al mundo anunciando un programa comparable —o incluso superior— al de Portugal, Malta o Emiratos Árabes Unidos:
– Pasaporte argentino
– Resolución en 30 días
– Inversión “relevante” (concepto nunca definido)
Pero en la práctica:
– Nunca se fijó un monto mínimo de inversión
– Se llamó a licitación para que una empresa internacional diseñe el programa
– Las ofertas fueron dispares (desde USD 50.000 hasta USD 5 millones)
– Varias fueron descalificadas
– La licitación finalmente se cayó
Resultado: cero implementación.
Mucho “gre gre” para decir “Gregorio”.
¿Y ahora hacia dónde vamos?
Todo indica que el esquema podría derivar en un modelo donation-based: donás, obtenés el pasaporte.
Un atajo fácil. Pero profundamente equivocado.
Eso no construye país. Construye un kiosco.
Lo que sí funciona (y genera impacto real):
Crear empleo.
Portugal, con un programa bien diseñado, generó más de 7.000 millones de euros.
Argentina tiene una oportunidad única y concreta:
– Capital humano calificado
– Talento técnico y legal disponible
– Contexto global donde la movilidad es estratégica
– Alta demanda de soluciones de residencia y ciudadanía
Hoy las personas de alto patrimonio no solo mueven su capital. También diseñan su movilidad personal.
El mundo cambió:
– Conflictos geopolíticos
– Presión fiscal creciente
– Inestabilidad regulatoria
La movilidad internacional dejó de ser un lujo. Es una estrategia.
Y Argentina podría dar el batacazo.
Pero hay un problema: empezó demasiado bien… y hoy se está cayendo a pedazos.
No falta talento. No falta oportunidad.
Falta decisión y ejecución.
En Argentina hay, al menos, un puñado de profesionales con experiencia real en estos programas que podrían diseñar algo serio.
Hay que juntarlos en una mesa. Y no salir hasta que esto esté definido.
Conclusión
No hace falta endeudarse con organismos internacionales.
No hace falta inventar nada nuevo.
Hace falta hacer.
Y hacerlo bien.
El mundo ya está jugando este partido.
La pregunta es simple:
¿lo vamos a jugar o vamos a seguir mirando?
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